Publicado el · 7 de julio de 2026
Diario del taller: la sensación por encima de la copia
Nunca he buscado reproducir una flor con exactitud. Lo que me interesa es aquello que permanece dentro después de una larga observación, y eso es lo que intento transmitir en cada pétalo.
Hoy sobre la mesa de trabajo hay una peonía. La porcelana fría ya está amasada; a su lado descansan los estiques, los pinceles y los pequeños frascos de pastel seco. Es el momento más tranquilo de todo el proceso: antes de empezar, simplemente observo.
Cuando termina la observación, comienza la creación
Puedo pasar mucho tiempo estudiando una flor real: su forma, el movimiento de los pétalos, la manera en que la luz atraviesa un borde fino. Pero llega un momento en que la aparto y comienzo a trabajar con lo que ha quedado dentro. No con los detalles, sino con la sensación. Por eso la curva de un pétalo puede ser algo más abierta, la luz un poco más intensa, el paso de un color a otro un tanto más suave que en la naturaleza.
La memoria no conserva cada detalle. Conserva una sensación. Y es esa sensación la que quiero transmitir en mis trabajos.
Mis flores no se marchitan: la porcelana fría mantiene la forma sin agua ni cuidados especiales. Pero eso no es lo esencial. Lo esencial es que cada pétalo ha sido modelado y matizado a mano, como un intento de preservar la belleza tal como la recuerda el corazón.