
Lilas
Lilas
La lila es una de las flores más laboriosas de mi trabajo.
Cuando se contempla una rama terminada, cuesta imaginar cuántas flores diminutas se esconden en un solo racimo. Cada una se crea por separado y recorre un largo camino antes de convertirse en parte de la composición.
Primero se forma el corazón de la flor. Después, de una pequeña gota de porcelana fría van surgiendo poco a poco los pétalos. A cada flor hay que darle su forma, crear su textura, acentuar sus curvas, moldear un tallo fino y reunir todos los detalles en un conjunto.
Y eso es solo una flor. Por delante quedan decenas y cientos de florecillas iguales, de las que poco a poco va naciendo una rama de lila.
A veces el proceso parece interminable. Pero precisamente ahí reside su belleza particular. La lila no se puede crear deprisa. Exige paciencia, atención y amor por los detalles más pequeños. A cambio, cada vez que termino una obra comprendo que todas esas horas no fueron en vano.
A pesar de su ligereza y su aire etéreo, la lila transforma la composición de un modo sorprendente. Aporta profundidad al ramo, lo hace más vivo, llena el espacio entre las flores grandes y crea una sensación de naturalidad.
Creo que por eso vuelvo a esta flor una y otra vez.


“Por largo que sea el trabajo con la lila, el resultado siempre merece el tiempo invertido.”